(14-21/03/2024)
BLOQUE 2. PARADIGMAS DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL.
TEMA 8. "NO ESTÁS SOLA: LA LUCHA CONTRA LA MANADA".
Hace unos años, me sumergí en una conversación con algunos hombres de mi entorno sobre la diferencia entre los trabajos que desempeñan los hombres y los que desempeñan las mujeres. La situación era la siguiente: "Hay una vacante para trabajar en una gasolinera, el inconveniente es que sería de noche. ¿Quién trabajaría ahí?" Como era de esperar, los chicos defendieron que solo ellos trabajarían ahí y que es injusto porque serían ellos los que sufrirían las consecuencias de un robo, por ejemplo. Pero, ¿injusto por qué?
Lo injusto es que nosotras nos preparemos al mismo nivel que ellos y siempre se nos exija más, que, por muy preparadas que estemos, nunca haya suficiente representación femenina en las empresas o que, a pesar de estar por encima de ellos laboralmente, incluso cobremos menos. Y respecto a esto, la verdadera injusticia es que a nosotras ni siquiera se nos pase por la cabeza aplicar para trabajos de ese tipo porque "les estaríamos poniendo en bandeja" que nos violaran. Nosotras no solo tendríamos que vivir con el miedo a presenciar un robo, sino que a ello se sumaría el miedo a ser secuestradas o violadas. Para los hombres, muy probablemente, solo sería una lucha de quién tiene más fuerza.
Las mujeres nunca estaremos lo suficientemente protegidas, y una gran parte de la sociedad seguirá pensando que nosotras somos las que debemos ser educadas para protegernos cuando, en realidad, a quienes de verdad hay que educar es a los hombres para que se comporten como seres humanos racionales. Me resulta difícil pensar que haya que educar a alguien para que no viole o agreda sexualmente. Al final, toda la culpa y la responsabilidad recaen sobre las mujeres y, qué triste, ¿no?
Este desamparo también ocurre ante las leyes, como ya vimos en el caso de "La Manada" y en muchos otros. Pero parece ser que, aunque existieran mil leyes en las cuales las mujeres de verdad estuviéramos protegidas, los jueces no las aplicarían correctamente y terminaríamos igual que siempre: olvidadas. Por mucho que reivindiquemos, la sociedad nos quiere seguir llamando exageras, pero la realidad es que TODAS hemos sido abusadas sexualmente o, al menos, tenemos una anécdota que contar. Por lo tanto, yo siempre defenderé que:
No importa qué ropa llevemos, en qué estado vayamos o qué digamos, a las mujeres solo se nos respeta cuando vamos de la mano con un hombre. Solo se nos tiene en cuenta si es un hombre quien así lo dice. Nosotras estamos relegadas a un segundo plano, atrapadas en el triángulo del aislamiento, culpa y miedo.
Este triángulo nos oprime, nos silencia y nos impide alzar nuestras voces. El aislamiento nos separa de otras mujeres que podrían apoyarnos y fortalecernos. La culpa nos hace creer que no somos lo suficientemente buenas, que no merecemos ser escuchadas. El miedo nos paraliza, nos impide actuar y defender nuestros derechos.
Pero lo importante es que NUNCA nos cansemos de luchar por lo que merecemos, por lo que somos y lo que es nuestro. Debemos romper el triángulo del aislamiento, culpa y miedo, y unirnos para exigir el respeto que nos corresponde.
Es hora de que las mujeres seamos escuchadas, valoradas y respetadas por lo que somos. Es hora de que derribemos las barreras que nos oprimen y construyamos un mundo más justo e igualitario para todas.



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